A todos aquellos que nos ven empujando la pared:
Nuestra única intención es estirar cuadriceps y gemelos. En ningún caso queremos mover el edificio ni ganar espacio a la calle para poder aparcar en batería (aunque moverlo, lo hemos movido).


Mostrando entradas con la etiqueta correr en zaragoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta correr en zaragoza. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de mayo de 2014

VIII CARRERA DEL EBRO

Aunque ya se encuentra casi olvidada la pasada edición de la Carrera del Ebro, no quiero dejar de mencionar en este blog nuestra participación en la misma  con la visión que da la distancia (en el tiempo, se entiende).

Participamos José Marí y un servidor en ambas variantes de la carrera (14 K y 30 K). Y el zorro (Miguel Angel) al que ultimamente nos encontramos mucho por estos mundos runeriles.

Mucho ambiente a las 9:00 h en una mañana fresca, con bastante aire y que nos iba a deparar una jornada dura por las zonas altas del campo de maniobras de S. Gregorio. Calentando, los aproximadamente 800 locos que optamos por la Trail 30 K. Los del 14 K saldrían 1 hora y media más tarde, lo que se notaría en las condiciones climatológicas.

Decido salir de manga corta, dilatando el momento de quitarme el cortavientos al máximo, cinco minutos antes del pistoletazo de salida. Como complemento, al igual que el año pasado, opto por llevar cinturón para los geles (me llevo dos, de los que utilizaría solo uno) y el bolsillo para el bidón de agua (que llevaría vacío). La jugada era aguantar hasta el primer avituallamiento en el km 10 aprox donde tomaría una botella de agua y, tras beber un par de tragos, la guardaría en el cinturón. Me vino fenomenal, pude hacer el primer tercio de carrera sin lastre y repetí la jugada con la botella de isotónica.

Unos minutos antes de la salida veo a Miguel Angel "El zorro", charradica con él y, enseguida, salimos. Vuelta de rigor a las pistas del CAD y una vez fuera, hacia la rotonda de Juslibol. De esta en un momento nos plantamos en el camino de la entrada a las instalaciones militares. Comienza ya la tierra, que el personal ya está cansado de tanto asfalto...

Entramos en el campo de maniobra, voy en un lugar cómodo (calculo que en mitad aproximadamente del pelotón). La subida se hace cómoda, no llevo a mis compañeras liebres que hubieran empezado ya a tirar hacia arriba y yo con ellas. Enseguida acabamos de coronar la pequeña barranquera que, entre pinares, nos deja en la primera plana. Primeros "hitos" marcándonos el camino formados por los carros de combate, camiones y demás parafernalia que el Regimiento Castillejos, pone a disposición de la carrera. Comenzamos con los toboganes, sube y baja, baja y sube y vuelta a empezar. Esta zona es un poco rompepiernas y empieza a soplar el viento que, en ocasiones, dé sensación de dejarte totalmente parado.

Llegamos a la zona de Sta. Cristina (km 7  aprox), se acaban los toboganes y empieza la dura subida que, hasta el km 10, no tiene descanso alguno, con el aire de cara y el sol cegándote. Me noto bien,, no sufro en exceso y visualizo la bajada siguiente. Llegamos al avituallamiento en el km 10 y tomo una botellita de agua, bebo cuatro sorbos, despacio para no atragantarme y, cuesta abajo, me lo guardo en el cinturón y me lanzo. El camino es malo, contínuas cárcavas profundas en el centro del mismo que te hacen saltar de lado a lado, lados en pendiente y piedra suelta en las pocas zonas corribles. En uno de los saltos, me cruzo con un corredor que me llama la atención: "Ten cuidado, que vas a tirar a alguien". La verdad es que tenía razón y había hecho el cruce de manera súbita, por una reacción rápida hacia un obstáculo que no había visto. El sol me ciega y vamos muy juntos, con lo que dejo unos metros libres entre el de adelante y yo. Pero el de atrás me rebasa y se me pone pegado  delante, con lo que tengo que volver a hacer lo mismo. No es la primera vez que, de esta manera, pierdo posiciones en las bajadas. Habrá que depurar la técnica o intentar no ir en grupos numerosos. Me tomo mi primer, y único, gel. El botellín de agua que me he guardado me viene de perlas.

Se acaba la  primera bajada larga y, de nuevo, subida hasta un repetidor de radio, km12 aprox. Corta pero con una pendiente más exigente, se corona el repetidor y por una cuesta que da vertigo, acabamos en el barranco de Lecheros. Este baja hasta Alfocea, pero un par de kms antes nos desviamos a la izquierda, remontando la pared del mismo. La bajada del barranco se hace, como su nombre indica, a toda leche. En el km 15 nos dan avituallamiento con bebida isotónica. Increíblemente, algunos toman el botellín y apenas le dan un trago que lo tiran al borde del camino. Es el colmo del derroche. Yo lo sustituyo por el botellín de agua en mi cinturón.

Como decía, un par de km antes de que muera el barranco en la huerta de Alfocea, giro de 90º a la izquierda y subida diabólica. Los primeros 200 metros corro pero, al igual que el año pasado, acabo parado y subiendo andando, eso si, con paso largo y ligero. Aquí me alcanza Miguel Angel que para conmigo y subimos juntos los últimos 150 m. Una vez arriba comenzamos de nuevo a correr, en un primer momento tranquilos pero cuando la pendiente se acentúa Miguel Angel empieza a tirar fuerte. Le aguanto un kilómetro pero al final tengo que decidir entre ir con él y cargarme los cuádriceps o guardar para los últimos kilómetros con las piernas menos castigadas. Elijo lo segundo y dejo que se vaya.


A continuación km 20, viene una última subida que, de nuevo, nos lleva a la plana superior del campo de maniobras, de nuevo algunos sube y baja y, ya a lo lejos, se vuelve a adivinar la depresión del Ebro, Zaragoza está abajo. En un par de kilómetros vemos aparecer por un camino de la izquierda los corredores de la 14 K que están discurriendo por mitad de su recorrido.  Ambas carreras se unen en una sola para abandonar la zona militar. Discurrimos por la parte superior del escarpe de Juslibol, entre un pequeño pinar de carrascos bajos y un camino totalmente inundado de piedra suelta, zaborros. Este momento es delicado pues viene una rápida bajada que los paticipantes (sobre todo los de la corta) hacen a toda mecha.

Piso mal y estoy a punto de torcerme el tobillo. "No, si aún me dejaré ahora el tobillo en esta m* de camino!", grito. "Pues tenga Vd. cuidado con el tobillo, hombre!" me responden. Me giro y es José Mari que me ha pillado en esta parte, lo saludo, me pregunta qué tal voy. Bien, le respondo, con ganas de pasar esta parte. Me acompaña unos metros y le digo que vaya para adelante, que no me espere.





Final de bajada de los zaborros y, sin apenas continuidad, aparece el último "muro". Ya lo tenía pensado hacer andando, a los pocos metros de empezar comienzo a andar. Me adelantan por izquierda, derecha por arriba y por debajo, pero me da igual. Los que lo hacen en su mayoría apenas llevan 8 kms en sus piernas, yo llevo 24 !!!.

Una vez arriba, vista preciosa de Zaragoza y bajada de la culebrilla. Más piedras pero se hace mejor. Mucha gente animando, en la parte baja ciclistas y andarines nos aplauden. Enseguida viene lo peor de esta carrera, para lo que me he querido entrenar psicológicamente. Son los últimos 5 kms llanos, de huerta. Me he preparado durante el transcurso de la carrera pensando que la mayoría me iba a dar el cierzo de espalda y me iba a ayudar, como así fue. Pero al principio, en un tramo de asfalto malo, empiezo a notar que se me contractura el gemelo derecho. "Será posible!!, Vamos, hombre, no me j*!". Bajo algo el ritmo y entretengo la mente en el momento de entrar en meta. ¡ Y me funciona !. Dejo de pensar en las molestias y se van!. Llegamos a la ribera del Ebro, giro a izquierda de 180º y últimos 3 kms, con el aire a favor.




Muchos corredores van andando, otros se han parado, adelanto a alguno, muchos me adelantan, pero cada paso que doy me acerca más al final. Echo un trago, último, de isotónica y me pongo el automático. Se acaba el tramo de ribera y se sale al aparcamiento norte de la Expo. Lo cruzo, piso todos los vierteaguas habidos y por haber, será posible que no me haya librado de ninguno?. Pero todo tiene su fin, y junto al final del mismo se encuentra Paco "Ahí va esa liebreeeeeeeee!!!!". Me animo, entrada a las pistas y aprieto para hacer los últimos trescientos metros a tope. Adelantando a varios corredores, por una vez en mi vida, e intentando cruzar el arco de meta con la mejor apariencia posible. Creo que fueron 2h49min. Más o menos como el año anterior, pero este he llegado bastante más entero.



Me reúno con José Mari y Miguel Angel, tranquilamente tomamos un botellín de agua y alguna fruta. Y, menudo detalle, se nos obsequia con un caldo caliente que estaba de rechupete. Nuestro agradecimiento y felicitaciones por la organización de la prueba que, año tras año, gana mas adeptos y reconocimiento. El próximo año, seguiremos asistiendo y, a ser posible, todos.

martes, 14 de mayo de 2013

XVI MEDIA MARATÓN ZARAGOZA


“O COMO EL ZORRO SE COMIÓ A LAS LIEBRES” 
Llegó el día, uno de esos días marcados en rojo en el calendario running de las liebres de la nieves. Este año es diferente, la preparación ha sido un poco caótica, por no decir nula. Hemos aparecido en la línea de salida sin saber muy bien como responderemos.

Bueno, pues ya es domingo, las siete cuarenta y cinco minutos. Las liebres nos encontramos en nuestro muro. No tengo ni ganas, ni sensaciones positivas para la carrera, llego sin descansar y después de haber trasnochado.
Cogemos el tranvía que nos acercará a la línea de salida, ya se empieza a intuir un ambiente runeril (como dice mi amigo Alfonso). En el vagón hay una amalgama de corredores de todo tipo de estilos, las chicas monas con modelito, el corredor maduro con su chándal de los setenta, los solitarios que observan al resto y por supuesto las liebres de las nieves hablando de dolores (cosa habitual en las conversaciones pre carrera).

Chino, Chano nos dirigimos hasta el pabellón de Tenerías y ya se observa a los corredores calentando y  se oye la música a todo volumen. Llegamos al Pabellón y primera sorpresa, hay un cola bastante larga para dejar los enseres sobrantes. Primeros nervios, pero rápidamente y sin entrar en los vestuarios nos quitamos pantalón largo, cortavientos, me coloco el dorsal, me doy un poco de silicona (quiero decir “vaselina”)  y con bastante celeridad dejamos las mochilas. Ya solo quedan veinte minutos para la salida. Toca estirar y calentar un poco.


Nueve menos cinco, nos colocamos en el cajón correspondiente, entre hora treinta y cinco y hora y cuarenta y cinco. Va pasando el tiempo y se cumple el horario previsto. Se da la salida a “Pacheco”, como siempre fiel a su cita. Cinco, cuatro, tres, dos, uno, el segundo más largo de la historia, “pum” suena el pistoletazo de salida, y hala allá vamos. Recorremos el Paseo Echegaray, entramos por San Juan de los Panetes y cogemos ya manifestación. Primer kilómetro, con embotellamiento y todo lo pasamos en menos de cinco minutos. Nos enganchamos a la liebre de una hora y cuarenta, al lado nuestro un corredor afronta los veinte kilómetros descalzo, increíble  Calles estrechas, los kilómetros pasan rápidamente. Me encuentro bastante bien, el ritmo es fuerte, pero yo quiero seguir mi plan, “hasta que el cuerpo aguante”. Jose Marí sigue a mi lado y Alfonso va unos metros más atrás. Del “zorro” por el momento no hay noticias. 
Llegamos al puente de la Ronda, kilómetro cinco y primer avituallamiento. En este momento aparece el corredor que, según parece, va a batir el récord de la prueba. Se tira a por el botellín como si su vida fuera en ello y despotrica contra la organización, los voluntarios y todo lo que se pone por delante. Bueno, corramos un tupido velo, no merece más comentarios. Paso junto a José Marí por el km 5 en 23 minutos 26 segundos (4 min 40 sg/km), ritmo fuerte, seguimos con la liebre de una hora cuarenta.
 Subimos el puente del tercer cinturón, todo según lo previsto. Ahora viene la zona más aburrida, el Paseo Longares. Al entrar, nos encontramos con los que salen, eso desmotiva un poco, pero de salida toca al revés, nos encontramos con los que vienen por detrás.
Nos acercamos ya al km 10 y pasamos otro avituallamiento, cojo botellín de agua y me tomo el gel que llevaba preparado. José Marí me comenta que se para a tomar el gel, yo esperaba que volviera a enganchar pero ya no lo vería hasta la línea de meta. Sigo yo solo y no veo el cartel del kilómetro diez. Pero al paso por el once, mi cronómetro ha marcado 51 minutos 47 segundos (4 min 42 seg/km). Solo he perdido dos segundos respecto al ritmo de los primeros kilómetros.
Paso por la Plaza del Pilar por primera vez, hay bastante animación, varios colegios están animando en puntos estratégicos y la verdad son de mucha ayuda  cuando te encuentras con  algún bajón. Calle Alfonso, otra vez Manifestación, San Vicente de Paúl, entorno de La Seo, es un recorrido bonito, con bastante animación que hace que las piernas sigan respondiendo. 

Volvemos a entrar en la zona de la ribera, avenidas largas que se hacen pesadas. Aún me encuentro bien, pero el grupo de la liebre de una hora cuarenta ha desaparecido de mi vista. Me acerco  al kilómetro quince, y el cuerpo pide un poco de pausa. Avituallamiento, cojo agua y la cuesta de puente del tercer cinturón, se me atraganta, se convierte realmente en un muro, noto que no puedo, veo que me pasan corredores como si estuviera parado.
Llego a punto más alto del puente y una amable patinadora me da una ración de réflex en los gemelos que han sufrido en esta última cuesta. Me pongo otra vez en marcha y oigo por detrás: ¡Paco!, me giro y veo a Miguel Ángel “EL ZORRO”, viene como una moto. Lo aguanto un poco e incluso al inicio de la bajada lo dejo dos metros atrás. En ese momento noto un bajón, me quedo sin fuerzas, y eso que estamos bajando. Veo que Miguel Ángel me pasa, se va, intento seguirlo pero es imposible, “el zorro ha devorado a la tercera liebre”. Aquí empezará mi calvario particular.

Vuelvo al la Ribera del Ebro, me vuelvo a parar para recibir otra dosis de Reflex. Al poner la pierna para recibir el spray, se me sube el gemelo izquierdo, me retuerzo de dolor. El patinador que me atiende, me pregunta si estoy bien, y me da ánimos para seguir, pierdo unos segundos que parecen minutos. Vuelvo a correr (¿?), llevo los gemelos como dos piedras. Se pone un corredor a mi lado, y  me comenta que quedan poco más de tres kilómetros y que vamos muy bien (¿será él?), que esta ya todo hecho. Le respondo que si llego al puente de Piedra, tendré que terminar. Sigo a mi ritmo, pero veo que voy perdiendo tiempo, me pasan como si yo fuera a cámara lenta. Pienso en positivo,  esto ya esta hecho, solo queda la avenida hasta el Puente. Pero cual es mi sorpresa cuando giramos hacia el Paseo Longares. Por unos momentos todo se me viene abajo. Intento visualizar pensamientos positivos y me reengancho a la carrera. Vuelvo a pasar a algunos corredores y esto me anima. Lo paso mal en los cambios de dirección que hay al final de Paseo Longares pero he recuperado sensaciones. 
Paso el kilómetro diecinueve en 1 hora 32 minutos. Ya solo quedan dos. Vuelvo a la Ribera, misma sensación de la primera vuelta, veo a los que entran y esto me anima. En este momento entro en otra pequeña crisis, empiezo a pensar en la cuesta que hay que subir hasta al puente de Piedra y me voy hundiendo poco a poco, se me hace muy largo. Llego a la cuesta y la subo como puedo. Ya solo queda el repecho del puente de Piedra, lo paso dignamente. Salgo del puente y entro en la zona de más animación, entro en la zona de Don Jaime, giro a la altura de la Lonja y aquí oigo: ¡Quico!, es mi hermano Manolo que me anima desde las vallas. Los de alrededor aprietan el ritmo y a mi me toca hacer lo mismo. Entro en meta mirando el reloj y veo que el tiempo oficial está por encima de una hora cuarenta y dos minutos. He parado mi cronómetro y me marca 1 hora 41 minutos 53 segundos. La chica con la que he corrido los últimos metros, yace exhausta unos metros detrás de mí. Pienso que no ha estado tan mal, y que he perdido una gran oportunidad de bajar de los cuarenta minutos.

En esos momentos veo aparecer a Jose Marí y Alfonso, les he sacado unos pocos segundos. Recogemos juntos el avituallamiento, nos reencontramos con sus familias y el comentario unánime es “EL ZORRO SE COMIÓ A LAS LIEBRES”.

En definitiva, otra carrera más que hemos disfrutado, que hemos sufrido también. Esto es lo que nos gusta y esto es lo que hacemos. Ahora a por la próxima y a preparar la TMT de 25 Km