A todos aquellos que nos ven empujando la pared:
Nuestra única intención es estirar cuadriceps y gemelos. En ningún caso queremos mover el edificio ni ganar espacio a la calle para poder aparcar en batería (aunque moverlo, lo hemos movido).


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miércoles, 5 de junio de 2013

TRANSMONTESBLANCOS TRAIL 25 K


Sábado, 1 de junio, 16:00 h. Día y hora totalmente inhabituales para una carrera organizada. Pero esto no es una carrera al uso. El TMT (Transmontesblancos Trail) es un proyecto de un grupo de corredores que saben valorar todos los aspectos que un trail debe ofrecer a los participantes. Es decir, una prueba organizada (y muy bien por cierto) por corredores para corredores de monte (o montaña, según se mire, o desde donde se mire). Programada con cariño y desde la perspectiva que nos une a todos: El desafío personal en el marco de la naturaleza dura de los montes de Alfajarín, Villamayor y La Puebla de Alfindén.
 
 
 
El grupo de Las Liebres aparecemos a las 15:20 aproximadamente en las inmediaciones del complejo polideportivo de La Puebla. Aparcamos en el polígono industrial y nos acercamos a la zona de salida. Vemos corredores solitarios o en muy pequeños grupos que se dirigen allí. Son los valientes de la TMT 50K, que han finalizado el primer bucle de 25 km y, previo paso por meta, van a efectuar el segundo bucle que coincide con el recorrido nuestro.
Después de un poco de calentamiento y algunos estiramientos pasamos el control de dorsales y equipamiento mínimo (riñonera o mochila con agua y teléfono móvil). Nos colocamos tras el arco de salida y a esperar el chupinazo.
 
Fsssssshhhhh…. ¡puuuum!.  Salimos unos 180 participantes, 

La salida
los primeros a toda mecha para desde el principio tomar posiciones delante, el resto (la mayoría) más tranquilos. Fuera del complejo deportivo y ya en la calle nos dirigimos hacia la rotonda junto a la autopista, giro a la derecha y tomamos el camino paralelo a la misma para, en un km, pasar por debajo y salir a un camino asfaltado que remontaría un barranco laaaargo largo.

Pasa el km 2 y no me encuentro a gusto. El ritmo es bastante suave (5´30”/km) pero las sensaciones no me acompañan. Van pasando los kilómetros y adelantamos a corredores y grupos. Muchos de ellos son de la TMT50 que van a un ritmo notablemente inferior al nuestro, incluso algunos andan unos metros, otros de la TMT25 que han bajado la marcha con la constante subida.
Sopla cierzo y viene bien, a mí personalmente me ayuda a refrigerar el cuerpo del calor producido por el esfuerzo constante. En algún momento una loma nos protege del mismo y se nota ya calorina. ¡Con 21 o 22ºC que estamos!. ¡No quiero ni imaginar lo que fue el año anterior con 42ºC!. No es exageración lo que algunos calificaron como un auténtico infierno.
Así, en un camino que discurre junto al tollo del barranco, sin pendientes importantes pero en continuo ascenso, se hace un giro brusco a la derecha para subir un pequeño repecho y llegar al punto más alto del recorrido. Hemos completado los primeros 8,5 kms y ahora  atravesamos en suave descenso un enorme campo de cereal.  Llevo en la riñonera un bote de agua pero prefiero esperar a llegar al primer avituallamiento (creo recordar que era en el km 8,7).
Pero pasan los metros y no aparece. Les comento a mis compañeros “¿pero no había avituallamiento antes del 9?”.  La realidad fue que lo retrasaron un km más adelante, junto al km 10. Seguramente las razones fueron el proteger a los voluntarios que lo atendían del aire (para alguien parado podría ser bastante molesto).


Primeras subidas
Como habíamos decidido hacer, paramos, tranquilamente nos tomamos el gel, comentamos cómo va el tema, nos toman nota del número de dorsal y nos dan una botella de agua de 1,5 l.  Nos bebemos la mitad, rellenamos el bote y el resto lo dejamos en el puesto.



Salimos andando los primeros metros para que el estomago asimile el agua y el gel. Enseguida comenzamos a correr. Es cuesta abajo y las piernas van solas, enseguida pasan los kilómetros, el 10, el 11, el 12, un poco más ¡ya estamos en la mitad de la prueba, el 12,5!.
¡Ni de coña!. Podría ser la mitad de kilometraje pero lo que a partir de un par de kms vendría ya no tendría nada que ver.
Hasta ahora no me parece que la carrera sea distinta a cualquier entreno de los que hacemos por los montes de Cuarte o Valdespartera, incluso más flojo y a pesar de ello hemos pasado los 10K en 1hora (6´/km). ¡Quién nos diría que una semana antes habíamos corrido 5k a 4´20”!.
Un poco antes del km 15 nos aparece a la izquierda del camino un monte en el que se recortan unas figuras que suben. Van andando, con la cabeza gacha, y el paso acompasado con la misma. Algunos se ayudan con las manos en las rodillas, otros descansan a un lado del sendero. Bueno, por fin parece que esto se pone interesante.
 
Cresteando por los montes de Alfajarín

En un brusco giro de 150º se sale del camino cómodo y en 20 m ya estamos subiendo. Podría apurarse más la carrera pero ya los de delante han empezado a andar, y en el sendero es una tontería salirse de él para ganar unos metros.
 
Aquí se nota el sufrimiento de los TMT50, que ya llevan 41 kilómetros en las piernas. Es un repecho, el primero de los que vendrían después, que te hace regular el paso, acomodarte al resto del grupo y, como uno solo, subir todos chino-chano. Posiblemente los primeros lo subirían corriendo pero ahora no procede, se pierde más que se gana hacerlo así. Es hora de ser humildes ante la naturaleza de uno mismo y la que nos rodea.
 
Enseguida alcanzamos el alto, seguimos subiendo pero la pendiente es muy inferior y lo podemos hacer corriendo. Por senda, de uno en uno, que es como a mí me gusta. En determinado momento se comienza a bajar, también por senda, cómoda, con algún paso complicado pero que no se necesita parar para hacerlo. Sin darnos cuenta, en poco rato hemos descendido a la altura de la autopista.
 
Pero en doscientos metros nos espera el principio de una nueva subida, entre vales avanza un camino que corona, poco antes del km 17 otro monte. Paso al otro lado y bajada rápida hasta alcanzar el fondo de un barranco. A lo lejos ya se ve el toro de Osborne. Esa es nuestra próxima meta.
Subiendo la trocha, como podíamos
Desembocamos en otro barranco  y de nuevo dirección a la autopista. Un poco antes de llegar, ya se atisba a la izquierda la senda que sube al toro. Pero no se ve a nadie por ella. ¡qué raro!. La respuesta vino sola cuando, cruzamos el camino y nos envían por una trocha que se dirige, directa, hacia arriba. Huelga decir que aquí era imposible correr, casi lo era andar. En algún tramo había que echar mano a una piedra o ayudarse del matorral para seguir adelante. Vamos los tres juntos, la verdad es que vamos todos en fila india (es imposible que nadie adelante a nadie en este terreno).  Por fin giramos a la derecha y tomamos una senda que, en fuerte pendiente, nos subirá al toro. La pendiente es tan pronunciada que las suelas de las zapatillas no agarran, produciéndose un deslizamiento que nos hace extremar a tope las precauciones. ¡Puto yeso!, roca totalmente disgregada y peligrosa.
 
Por fin podemos trotar y cresteando  llegamos al toro. Veo a mis compañeros que han subido y han posado para la foto. Yo no tengo ganas y me tiro para abajo tras ellos.
 
Paco y José Mari bajo el toro de Osborne
 
La bajada es suave al principio, por camino. Después se alcorzaría por senda para volver al camino tras pasar la cabecera de un pequeño barranco. De nuevo en este subida, ahora muy suave, hacia el castillo de Alfajarín. Gente en la llegada al castillo y nos hacen pasar por entre sus muros, ahora sopla un viento del demonio y se pasa una zona algo expuesta. Atravesado el castillo salimos hacia la ermita, que está al lado. Aquí está el segundo avituallamiento, y gente animando.
Lo mismo que en el anterior, paramos, con tranquilidad nos tomamos un gel y bebemos mucha agua. Rellenamos (aunque ya no haría falta en los 6 kms que faltaban) los botes de agua y seguimos.
La bajada de la ermita se hace por un camino en escalera, con grava. Bajamos bien, en algo se tiene que notar el que hagamos las “escaleras del Batallador” de vez en cuando…
A mitad de bajada nos adelanta como un loco un corredor. Concluimos que sería de los primeros de la TMT12,5 que en ese tramo estábamos haciendo juntos. Todos revueltos TMT50, TMT25 y TMT12,5.
Alcanzamos la autopista, grupo de animadores (ahora se repetirían en todo el camino hasta la Puebla) y pasando aquella por debajo, enfilamos un camino de tierra (y hierba) que sería el que nos llevaría hasta el pueblo.


Castillo y, al fondo, ermita de Alfajarín
 

En este momento se nos juntan muchas cosas. El cierzo de cara, el cansancio y el aburrimiento de un camino recto, con sube y bajas pero amplio y recto, junto a la autopista.  Tengo una sensación parecida a la de los últimos 5 kms de la Carrera del Ebro. Después de lo divertido de los montes, barrancos y trochas, viene el aburrimiento de un camino que, sin dificultades técnicas, se hace especialmente tedioso.
Adelantamos a algunos grupos, muchos de ellos de TMT50, nos adelantan gente de la TMT12,5 que van como balas y al final, tras lo que parece una eternidad, llegamos a las inmediaciones de La Puebla de Alfindén. Nos adentramos en el pueblo, bajamos a la rambla y, subiendo de nuevo a las calles, en poco más de 500 m llegamos de nuevo al centro deportivo.
Entrada de los tres juntos, bajo el arco de meta y en un ambiente de gran animación. Una vez rebasado el arco uno de los organizadores nos pregunta: “¿Sois equipo?”. La pregunta me coge fuera de banda y le digo que no. Más tarde veríamos el porqué de la pregunta.
Llegada a meta
Estiramientos y una coca cola para meter algo de calorías al cuerpo, luego nos tomaríamos una cerveza y más tarde, en el pabellón donde se entregaron los trofeos, un par de vasos de sangría con bocatas de chorizo y longaniza. No va de coña, eh?.
Valoración muy buena, excepto el principio que me costó ponerme en marcha y la parte final que fue algo aburrida la carrera no se puede decir que nos fue mal. El tiempo final 2h37min puede parecer una barbaridad para 25 kms comparado con otras carreras pero es que esta se parece poco a las demás por cómo es y cómo nos la tomamos.  La idea no era hacer el mejor tiempo posible, sino disfrutarla a tope y sin prisas.

Y así fue.
 
Ya se oyen voces de que al año que viene nos apuntaremos a la TMT50. Yo no digo nada, el tiempo lo dirá, sobre todo el climatológico pues hacerla con temperaturas por encima de los 30ºC para mi es totalmente inviable. Pero bueno, están los lagartos que con el sol y el calor sacan fuerzas… De todo tiene que haber.


 

martes, 12 de junio de 2012

CRONICA DE UNA CARRERA ANUNCIADA

 O (NADA, PARA LO QUE PODIA HABER PASADO)

José Mari H. llegando a Meta

    La verdad es que me hacia ilusion ir a la Transmontesblancos, mas que nada por probar aunque fuera en la mas pequeña de todas, la de 12 k, eso de las carreras de trail, de montaña,o en esta ocasión , mas bien  de monte. Pero bueno, no todos los días se puede asistir al nacimiento de una prueba como esta, y estoy seguro que esta ha sido la primera y no va a ser la última.  A lo largo de la semana se fueron confirmando los pronósticos de altas temperaturas, el jueves a las 21 h. teníamos casi 30º, así que el soleado amanecer del sábado no hacía sino confirmar que iba a ser un dia ciertamente sofocante

    Sobre las tres y media cogía el coche ( 45º ) y casi sin  poder tocar el volante me dirigía a recoger a José Luis, el otro estalentao con quien  en esta ocasión iba a compartir aventura.


    Llegamos pronto a La Puebla, sobre las 16,45h. y tras aparcar en las inmediaciones nos dirigimos a las piscinas y campo de futbol, donde estaba situada la salida y la meta. Calor asfixiante, sin paliativos. El aire quemaba, por dentro y por fuera. Llegamos justo a tiempo de ver como se iban preparando los atletas que participaban en la TMT 23. También vimos a Almasy, omnipresente  yendo y viniendo, saludando gente, revisando, organizando… la verdad es que creo que se lo ha currado un montón. Curioseamos un poco viendo al personal y sobre la 17 h., hora taurina, comenzó a sonar la música de Metálica, emocionante ciertamente, y cuando cesó la música… A correr¡¡¡¡

    Tras la salida del numeroso grupo, ya nos dirigimos al coche para cambiarnos y ponernos también el traje de faena, que aunque mas liviana que la suya, también nos iba a hacer sudar la gota gorda.

    Como había tiempo de sobra, curioseábamos por allí y hubo una cosa que me llamó la atención. Que prácticamente no vi a nadie estirando o calentando, como es habitual en cualquier prueba (aunque supongo que con temperaturas cercanas a los 40º, lo de calentar está de mas).

    A las 18 h casi en punto, vimos llegar al primer clasificado de la de 50 kms, bastante entero, y que solo le oía decir: ha sido muy duro, muy duro…

    Con estos y otros menesteres fue pasando el tiempo hasta que sin pensarlo nos vimos en la 18h 25 min. Nos colocamos en la línea de salida y un momento después nos dieron la salida… ¡¡¡sin música de ánimo, ni nada!!!: hala, ya podéis salir¡¡¡¡. Bueno, pues a correr.


    Salimos mas bien en pelotón por los aledaños del campo de futbol, todavía por asfalto, que duró poco porque enseguida tomamos una rotonda a la derecha y cogimos una pista paralela a la carretera. Nos desviaron bajo un puente y hala… al monte. El aire era especialmente espeso. Apenas llevábamos unos minutitos corriendo y la boca ya reclamaba un traguito, o mas de uno, de lo que fuera  pero que estuviera fresquito. Se podía correr bien porque no éramos un grupo muy numeroso y enseguida se había ido estirando. Así que fuimos cogiendo nuestro ritmillo y nos encaminamos hacia los primeros tramos que eran bastante llanos, con subibajas muy suaves hasta que sin previo aviso llegamos a una rampa de unos 150 metros  que ni las de la montaña rusa del parque . En palabras de Jose Luis…: “hubo un momento en que levanté la vista y no se veía el cielo” . Evidentemente, subimos esa rampa andando. Una vez coronada, nos dirigimos  a una serie de toboganes que eran bastante divertidos puesto que eran subiditas cortas que eran compensadas enseguida con fuertes descensos. Sin forzar demasiado íbamos cogiendo gente y dejándola atrás.


    Se veía ya a lo lejos el toro por el que teníamos que pasar y la verdad es que nos acercábamos rápidamente a él. Parecía que no habría mas inconveniente hasta que nos dimos cuenta de que el toro estaba bastante alto y nosotros, con tanto tobogán,  habíamos bajado bastante: una nueva rampa que esta vez sí pude subir corriendo. Aproximadamente en 30 min. Habíamos llegado al toro que estaba prácticamente en el km. 6. En él, hicimos un tirabuzón y seguimos camino hacia Alfajarín, donde llegamos poco después a una  ermita donde estaba el avituallamiento: una botella de agua de litro y medio, que tratamos de aprovechar lo mas que pudimos bebiendo y echándonosla por encima, para refrescarnos. De allí seguía una vertiginosa bajada por escaleras donde Jose Luis se quedo rezagado porque volvía a tener ampollas en el pie: ¡ Sigue… que ahora te alcanzo¡

    Enseguida llegamos hasta la altura de la carretera y tras un tramo un poco mas salvaje por la cantidad de maleza, cogimos una pista bastante rectilínea y prácticamente llana de vuelta hacia la Puebla. Ritmo de trote suave, que era suficiente para ir recuperando posiciones e ir adelantando gente, algunos de los cuales se veían bastante tocados. De reojo, iba vigilando las nubes que, gracias a Dios, ocultaban por completo el sol y nos daban  un respiro, incluso la manta de agua que se veía a lo lejos, nos acercaba de vez en cuando unas ligeras gotitas que se agradecían un montón. Sin agobios, los kilómetros fueron pasando suavemente y antes de darme cuenta le estaba indicando a otro corredor que solo faltaban dos kms, menos que del parque a casa, por lo que era hora de recobrar un poco la compostura y entrar con un poco de dignidad. Adelanté a los últimos corredores justo antes de entrar al campo de futbol y como me sabia la jugada porque la había visto al ver llegar al primer clasificado de la tmt50, tras un quiebro justo tras pasar el arco desde el que habíamos salido, me interné en el campo de futbol, siguiendo unos conos de colores que se suponía que te marcaban el camino hacia la alfombra roja de honor para marcar la llegada a la meta. Y de esta manera enfilé la meta  palmeando las manitas de los niños que me salían al paso entrando Jose Luis  un poco después por las molestias en el pie.  


    Tras un rato de descanso y varios refrescos, animando a  los que iban llegando después, nos despedimos de la I Tmt, justo antes de que llegara la tormenta que se llevó las hojas con los tiempos que habíamos hecho…


    En definitiva, un buen sabor de boca en una carrera que habrá que repetir en próximas ediciones.


Un saludo
Purk68