A todos aquellos que nos ven empujando la pared:
Nuestra única intención es estirar cuadriceps y gemelos. En ningún caso queremos mover el edificio ni ganar espacio a la calle para poder aparcar en batería (aunque moverlo, lo hemos movido).


Mostrando entradas con la etiqueta liebres de las nieves. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta liebres de las nieves. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de junio de 2013

TRANSMONTESBLANCOS TRAIL 25 K


Sábado, 1 de junio, 16:00 h. Día y hora totalmente inhabituales para una carrera organizada. Pero esto no es una carrera al uso. El TMT (Transmontesblancos Trail) es un proyecto de un grupo de corredores que saben valorar todos los aspectos que un trail debe ofrecer a los participantes. Es decir, una prueba organizada (y muy bien por cierto) por corredores para corredores de monte (o montaña, según se mire, o desde donde se mire). Programada con cariño y desde la perspectiva que nos une a todos: El desafío personal en el marco de la naturaleza dura de los montes de Alfajarín, Villamayor y La Puebla de Alfindén.
 
 
 
El grupo de Las Liebres aparecemos a las 15:20 aproximadamente en las inmediaciones del complejo polideportivo de La Puebla. Aparcamos en el polígono industrial y nos acercamos a la zona de salida. Vemos corredores solitarios o en muy pequeños grupos que se dirigen allí. Son los valientes de la TMT 50K, que han finalizado el primer bucle de 25 km y, previo paso por meta, van a efectuar el segundo bucle que coincide con el recorrido nuestro.
Después de un poco de calentamiento y algunos estiramientos pasamos el control de dorsales y equipamiento mínimo (riñonera o mochila con agua y teléfono móvil). Nos colocamos tras el arco de salida y a esperar el chupinazo.
 
Fsssssshhhhh…. ¡puuuum!.  Salimos unos 180 participantes, 

La salida
los primeros a toda mecha para desde el principio tomar posiciones delante, el resto (la mayoría) más tranquilos. Fuera del complejo deportivo y ya en la calle nos dirigimos hacia la rotonda junto a la autopista, giro a la derecha y tomamos el camino paralelo a la misma para, en un km, pasar por debajo y salir a un camino asfaltado que remontaría un barranco laaaargo largo.

Pasa el km 2 y no me encuentro a gusto. El ritmo es bastante suave (5´30”/km) pero las sensaciones no me acompañan. Van pasando los kilómetros y adelantamos a corredores y grupos. Muchos de ellos son de la TMT50 que van a un ritmo notablemente inferior al nuestro, incluso algunos andan unos metros, otros de la TMT25 que han bajado la marcha con la constante subida.
Sopla cierzo y viene bien, a mí personalmente me ayuda a refrigerar el cuerpo del calor producido por el esfuerzo constante. En algún momento una loma nos protege del mismo y se nota ya calorina. ¡Con 21 o 22ºC que estamos!. ¡No quiero ni imaginar lo que fue el año anterior con 42ºC!. No es exageración lo que algunos calificaron como un auténtico infierno.
Así, en un camino que discurre junto al tollo del barranco, sin pendientes importantes pero en continuo ascenso, se hace un giro brusco a la derecha para subir un pequeño repecho y llegar al punto más alto del recorrido. Hemos completado los primeros 8,5 kms y ahora  atravesamos en suave descenso un enorme campo de cereal.  Llevo en la riñonera un bote de agua pero prefiero esperar a llegar al primer avituallamiento (creo recordar que era en el km 8,7).
Pero pasan los metros y no aparece. Les comento a mis compañeros “¿pero no había avituallamiento antes del 9?”.  La realidad fue que lo retrasaron un km más adelante, junto al km 10. Seguramente las razones fueron el proteger a los voluntarios que lo atendían del aire (para alguien parado podría ser bastante molesto).


Primeras subidas
Como habíamos decidido hacer, paramos, tranquilamente nos tomamos el gel, comentamos cómo va el tema, nos toman nota del número de dorsal y nos dan una botella de agua de 1,5 l.  Nos bebemos la mitad, rellenamos el bote y el resto lo dejamos en el puesto.



Salimos andando los primeros metros para que el estomago asimile el agua y el gel. Enseguida comenzamos a correr. Es cuesta abajo y las piernas van solas, enseguida pasan los kilómetros, el 10, el 11, el 12, un poco más ¡ya estamos en la mitad de la prueba, el 12,5!.
¡Ni de coña!. Podría ser la mitad de kilometraje pero lo que a partir de un par de kms vendría ya no tendría nada que ver.
Hasta ahora no me parece que la carrera sea distinta a cualquier entreno de los que hacemos por los montes de Cuarte o Valdespartera, incluso más flojo y a pesar de ello hemos pasado los 10K en 1hora (6´/km). ¡Quién nos diría que una semana antes habíamos corrido 5k a 4´20”!.
Un poco antes del km 15 nos aparece a la izquierda del camino un monte en el que se recortan unas figuras que suben. Van andando, con la cabeza gacha, y el paso acompasado con la misma. Algunos se ayudan con las manos en las rodillas, otros descansan a un lado del sendero. Bueno, por fin parece que esto se pone interesante.
 
Cresteando por los montes de Alfajarín

En un brusco giro de 150º se sale del camino cómodo y en 20 m ya estamos subiendo. Podría apurarse más la carrera pero ya los de delante han empezado a andar, y en el sendero es una tontería salirse de él para ganar unos metros.
 
Aquí se nota el sufrimiento de los TMT50, que ya llevan 41 kilómetros en las piernas. Es un repecho, el primero de los que vendrían después, que te hace regular el paso, acomodarte al resto del grupo y, como uno solo, subir todos chino-chano. Posiblemente los primeros lo subirían corriendo pero ahora no procede, se pierde más que se gana hacerlo así. Es hora de ser humildes ante la naturaleza de uno mismo y la que nos rodea.
 
Enseguida alcanzamos el alto, seguimos subiendo pero la pendiente es muy inferior y lo podemos hacer corriendo. Por senda, de uno en uno, que es como a mí me gusta. En determinado momento se comienza a bajar, también por senda, cómoda, con algún paso complicado pero que no se necesita parar para hacerlo. Sin darnos cuenta, en poco rato hemos descendido a la altura de la autopista.
 
Pero en doscientos metros nos espera el principio de una nueva subida, entre vales avanza un camino que corona, poco antes del km 17 otro monte. Paso al otro lado y bajada rápida hasta alcanzar el fondo de un barranco. A lo lejos ya se ve el toro de Osborne. Esa es nuestra próxima meta.
Subiendo la trocha, como podíamos
Desembocamos en otro barranco  y de nuevo dirección a la autopista. Un poco antes de llegar, ya se atisba a la izquierda la senda que sube al toro. Pero no se ve a nadie por ella. ¡qué raro!. La respuesta vino sola cuando, cruzamos el camino y nos envían por una trocha que se dirige, directa, hacia arriba. Huelga decir que aquí era imposible correr, casi lo era andar. En algún tramo había que echar mano a una piedra o ayudarse del matorral para seguir adelante. Vamos los tres juntos, la verdad es que vamos todos en fila india (es imposible que nadie adelante a nadie en este terreno).  Por fin giramos a la derecha y tomamos una senda que, en fuerte pendiente, nos subirá al toro. La pendiente es tan pronunciada que las suelas de las zapatillas no agarran, produciéndose un deslizamiento que nos hace extremar a tope las precauciones. ¡Puto yeso!, roca totalmente disgregada y peligrosa.
 
Por fin podemos trotar y cresteando  llegamos al toro. Veo a mis compañeros que han subido y han posado para la foto. Yo no tengo ganas y me tiro para abajo tras ellos.
 
Paco y José Mari bajo el toro de Osborne
 
La bajada es suave al principio, por camino. Después se alcorzaría por senda para volver al camino tras pasar la cabecera de un pequeño barranco. De nuevo en este subida, ahora muy suave, hacia el castillo de Alfajarín. Gente en la llegada al castillo y nos hacen pasar por entre sus muros, ahora sopla un viento del demonio y se pasa una zona algo expuesta. Atravesado el castillo salimos hacia la ermita, que está al lado. Aquí está el segundo avituallamiento, y gente animando.
Lo mismo que en el anterior, paramos, con tranquilidad nos tomamos un gel y bebemos mucha agua. Rellenamos (aunque ya no haría falta en los 6 kms que faltaban) los botes de agua y seguimos.
La bajada de la ermita se hace por un camino en escalera, con grava. Bajamos bien, en algo se tiene que notar el que hagamos las “escaleras del Batallador” de vez en cuando…
A mitad de bajada nos adelanta como un loco un corredor. Concluimos que sería de los primeros de la TMT12,5 que en ese tramo estábamos haciendo juntos. Todos revueltos TMT50, TMT25 y TMT12,5.
Alcanzamos la autopista, grupo de animadores (ahora se repetirían en todo el camino hasta la Puebla) y pasando aquella por debajo, enfilamos un camino de tierra (y hierba) que sería el que nos llevaría hasta el pueblo.


Castillo y, al fondo, ermita de Alfajarín
 

En este momento se nos juntan muchas cosas. El cierzo de cara, el cansancio y el aburrimiento de un camino recto, con sube y bajas pero amplio y recto, junto a la autopista.  Tengo una sensación parecida a la de los últimos 5 kms de la Carrera del Ebro. Después de lo divertido de los montes, barrancos y trochas, viene el aburrimiento de un camino que, sin dificultades técnicas, se hace especialmente tedioso.
Adelantamos a algunos grupos, muchos de ellos de TMT50, nos adelantan gente de la TMT12,5 que van como balas y al final, tras lo que parece una eternidad, llegamos a las inmediaciones de La Puebla de Alfindén. Nos adentramos en el pueblo, bajamos a la rambla y, subiendo de nuevo a las calles, en poco más de 500 m llegamos de nuevo al centro deportivo.
Entrada de los tres juntos, bajo el arco de meta y en un ambiente de gran animación. Una vez rebasado el arco uno de los organizadores nos pregunta: “¿Sois equipo?”. La pregunta me coge fuera de banda y le digo que no. Más tarde veríamos el porqué de la pregunta.
Llegada a meta
Estiramientos y una coca cola para meter algo de calorías al cuerpo, luego nos tomaríamos una cerveza y más tarde, en el pabellón donde se entregaron los trofeos, un par de vasos de sangría con bocatas de chorizo y longaniza. No va de coña, eh?.
Valoración muy buena, excepto el principio que me costó ponerme en marcha y la parte final que fue algo aburrida la carrera no se puede decir que nos fue mal. El tiempo final 2h37min puede parecer una barbaridad para 25 kms comparado con otras carreras pero es que esta se parece poco a las demás por cómo es y cómo nos la tomamos.  La idea no era hacer el mejor tiempo posible, sino disfrutarla a tope y sin prisas.

Y así fue.
 
Ya se oyen voces de que al año que viene nos apuntaremos a la TMT50. Yo no digo nada, el tiempo lo dirá, sobre todo el climatológico pues hacerla con temperaturas por encima de los 30ºC para mi es totalmente inviable. Pero bueno, están los lagartos que con el sol y el calor sacan fuerzas… De todo tiene que haber.


 

domingo, 28 de abril de 2013

XXXII SUBIDA AL SANTUARIO DE RODANAS

Tras algunos años dando la vara con esta carrera,  por fin este 2013 nos animamos a hacerla.
 
Perfil de carrera: "¿A que parece la subida al Anglirú?"
Personalmente una carrera que se configura como continua subida, sin ningún tramo en descenso, me parecía un poco peligrosa, pensando que los ritmos que llevamos en carrera no son precisamente como los de los entrenamientos. Se hacen más exigentes, aunque te plantees la prueba como un entreno más. Pero es que al final, la vena competitiva sale...
 
La subida en principio no parece excesivamente dura, siempre que sepamos descifrar correctamente el perfil de la misma que habitualmente nos ofrecen. A simple vista parece una escalada alpina, pero si nos fijamos detenidamente apenas son 300 m de desnivel, en 15,5 kms.
 
Nos presentamos las liebres a las 9:00 h del domingo 21 de abril en el polideportivo de Epila. La temperatura es fresca (5 o 6 grados) y hace un viento moderado del NO. No hay más de 10 corredores por ahora para recoger el dorsal, pero es que es muy pronto y no está el día para madrugar.
 
Nos hacemos con los dorsales y damos una vuelta por el pueblo, vamos a ver si tomamos un cortadito para entrar en calor. Después de media hora visitando el casco histórico hemos pasado por tres bares y los tres están cerrados, así que nos volvemos a la zona de salida para empezar a estirar y calentar un poco.
 
Ya hay más personal, han puesto en marcha la megafonía y comienza la animación. Llaman al equipo de corredores de Epila para "hacer la moto". Hombre, yo pensaba que estas carreras gratuitas tenían poco presupuesto... pero de ahí a que el propio club que la organiza tenga que fabricar la moto de cabeza...
 
Lo que quería decir el speakman era hacer la foto. Un "lapsus linguae" lo tiene cualquiera.
 
Ya son las 10:00 h y estamos todos dispuestos tras la línea de salida. Unos doscientos corredores más o menos, entre ellos cuatro o cinco chavales de 10 a 12 años de la escuela de atletismo del pueblo. Con una planta de atletas y un correr que augura muy buen futuro para ellos. El profesor los llevaría regulando hasta meta, tranquilamente, incluso con paradas para alimentarse bien.
 
Se pide un minuto de silencio por el atentado de la maratón de Bostón. Es impresionante, no se oye ni una mosca.
 

Cola de grupo en el primer kilómetro
Por fin se da la salida. Como no somos muchos, se hace bastante cómoda y el primer tramo que es en bajada ayuda. Llegamos a la rotonda de la carretera y enfilamos el camino de la estación. Todo este primer (y casi segundo) km es por asfalto. El ritmo vivo, nos sale a 4min45" el km.
 
Pasamos, por debajo del puente del ferrocarril y tomamos ya el camino de Rodanas. Todavía es asfalto, pero ya comienza a picar hacia arriba.
 
El grupo tras pasar bajo la vía
En esta primera parte aún andamos las liebres agrupadas y dentro de un grupo más o menos númeroso, más o menos cómodo de ritmo.
 
Pero enseguida me noto fuera de punto y con una molestia en las espinillas (no sé cómo coño se llama ese músculo). El caso es que me fatigo y llevo las piernas agarrotadas en la parte de abajo.  Paco comienza a distanciarse y Jose Mari y yo preferimos quedarnos en el grupo en el que estamos.
 
Paco se va distanciando...
 
El camino es amplio y bastante recto, con ligera pendiente. No es precisamente de los que a mi me gustan pero para rodar no es malo. Además el suelo está bastante bien.
 
Por delante Paco ha cogido el grupo al que perseguía y se ha puesto en cabeza del mismo. Yo voy en cabeza del grupo en el que nos habíamos quedado pero me adelantan y pierdo unos metros de contacto con ellos, incluído con José Mari que va en el mismo. Los tengo a la vista pero no tengo ganas de hacer ningún sobreesfuerzo para cogerlos, sino de ir a mi ritmo. Para colmo, el viento, que nos acompañaría toda la carrera, se hace especialmente intenso. Vamos directamente hacia el Moncayo, lo tenemos al frente con su cumbre nevada y parece que nos dice: "venid, venid hacia mi, pero sabed que nunca me alcanzareis".
 
José Mari y Alfonso frente al cierzo
Aparece en el km 6,5 aproximadamente el primer avituallamiento líquido. José Mari, que iba con una chica en pos del grupo grande, decide esperarme. Esta decisión suya me vendría fenomenal, pues con la paradiña (escasos 15-20 segs) para beber el agua tranquilamente, recupero y marchamos juntos. Los próximos kilómetros vamos muy bien de ritmo y me ha desaparecido tanto la sensación de fatiga como las molestias musculares. Posiblemente se deberían a falta de calentamiento precarrera.  Seguimos imbuidos en una camino carretero rectísimo y amplio. Viene el km 8 y me tomo el gel que llevaba, más o menos como había programado, a mitad de prueba.
 
A lo lejos nos aparece la carretera de Ricla a Fuendejalón, que la tenemos que cruzar, más o menos el km 10. Trescientos metros antes Jose Mari me anuncia que se retira, tiene molestias en la rodilla y, pensando en la jorgeada que tiene día y medio después, no quiere arriesgar a fastidiársela. Me parece una decisión acertada, a pesar de que me dejaría solo los últimos 6 kms.
 
Llegamos al cruce con la carretera y nos despedimos. Aquí comienza la parte más bonita de la carrera, una subida entre las faldas de montes de pinar que, aunque con mayor pendiente, se hace más agradable a los sentidos.  Delante tengo una chica que iba en el grupo grande que se ha ido descolgando. Me pongo a ritmo cómodo de subida y un poco antes del primer repecho, la alcanzo. Me dice que se le está haciendo dura la cuesta y la acompaño un rato animándola. En un par de kilómetros me comenta que siga yo solo, que voy más fuerte, pero le digo que no voy a ganar nada, que me da igual esperarla un poco. Ella lo agradece y acabamos la segunda cuesta (más larga) juntos.
Viene un tramo de falso llano y ella se pone a tirar, se encuentra recuperada y vamos a un ritmo por debajo de los 5 min/km. Me ha venido bien esperarla porque yo no me hubiera puesto a ese ritmo por mi solo (estoy un poco perro ultimamente).

Curva cerrada para pasar un barranco, sobre un puentecillo y aquí, a falta de 2 kms, comienza el último repecho. Aparece un corredor, bajando de meta del equipo de la muchacha. Se pone a su lado y aviva el ritmo. Yo me quedo pero la chica parece que ha tenido una buena recuperación y se adelantan unos metros.

Llegada a meta de Paco
Entramos en el pinar y ya se ve el complejo del Santuario, pasa el km 15 y comprobamos que hasta meta apenas hay 500 metros más. Ültimo esfuerzo y se llega  a la zona llana donde está el complejo. La gente flanquea el camino y anima a todo el que pasa. Unos metros antes de la línea de llegada me gritan: "esa liebreeeee...". Son José Mari (que ha subido con los de Protección Civil) y Paco, que ha llegado unos minutos antes.

Saludos, felicitaciones y vuelta por el Santuario. Lugar bonito, muy arreglado y limpio. Merece la pena volver con la familia y organizar alguna excursión por alrrededores para acabar con una comida en las barbacoas.

Mi tiempo final 1h22min38seg (por mi reloj). Contento, máxime pensando en las malas sensaciones del principio.

Mi valoración personal es que es una carrera un poco sosita (sobre todo en la parte inicial) que se hace entretenida hacia el final. Es bastante rápida y puede hacerse cómodamente. El próximo año no sé si repetiré, pero el que sea gratuita gana bastantes enteros. Ah, y sin chip ni nada, como en los viejos tiempos de la pedestría.


miércoles, 20 de junio de 2012

CRÓNICA DE UN ENTRENAMIENTO QUE NO DEBIO DE SER...

O, PÁ HABERME MATAO!

Bueno, entretanto viene la crónica de San Borombón, voy a hacer una pequeña contribución al blog más pensando en entretener que en informar de nada importante. Y es que, aunque mis compañeros de equipo, han estado compitiendo de manera regular y seria, este que escribe muy a su pesar ha preferido no forzar la máquina y limitarse a algún entrenamiento más o menos exigente en la manida soledad del corredor de fondo.

Así, el lunes pasado, aprovechando que el resto de liebres andaba descansando de la competición del día de antes, me planteé un entreno-exploración por los montes de Cuarte.

La idea era llegar hasta la balsa de riego del camino de Cuarte por el monte para, una vez bajada la cuesta del Royo, "encontrar" un camino a mano izquierda que me dirigiera al barranco de Montañés, ya en su curso medio. De esta forma se podría organizar una salida matutina para hacer un circuito por monte con un recorrido de unos 23-24 kms hasta el Canal Imperial en la zona de Valdegurriana.

El entrenamiento iba a ser en plan "explorador". Si bien tengo los h* pelaos de bajar la cuesta del Royo (en bicicleta), nunca me he fijado bien en el susodicho camino lateral. Posiblemente debido a la extrema velocidad, cercana a la de la luz, que llevamos.

Esa era la idea.

Ahora vienen las condiciones.

La tarde está de bochorno, chispeando un poco y el cielo parcialmente cubierto de nubes. Una de dos: O llueve o no. Como a mi siempre me han respetado los elementos meteorológicos, me decido a salir. Me coloco la riñonera con el bidón de agua casi a tope y el teléfono con el GPS activo. Lo del teléfono  es una decisión que tomo habitualmente si salgo solo. Por si acá.

Empiezo.

Tras los estiramientos, libaciones y demás liturgia pre-carrera, me dirijo al trote hacia el canal. Aquí ya empiezan las primeras complicaciones. La riñonera se mueve mucho y adopta una posición lateral derecha que me impide bracear bien. El codo me pega en el bidón. Me coloco y recoloco el cinturón a la altura de la cadera, me lo ajusto más. Nada, siempre va para el mismo sitio. Además el vaivén del bidón se me transmite por la correa a la zona del vientre y me produce unas pequeñas molestias.

Dejo el canal y me dirigo, por la pequeña barranquera al lado de la arrancapedos hacía la parte alta de los pinares. No lo hago directamente, sino que tomo una senda a la derecha que, aunque hace más largo el recorrido, a mi me parece más bonito ya que crestea por el último monte del pinar y hay unas vistas preciosas a la zona de la Cra de Valencia.

Llego al camino del tiro de bola y llaneo por el mismo hasta los puentes del 4ª Cinturón y AVE. Me sigue molestando la riñonera. Pero como el ritmo es tranquilo no me preocupo. Aquí empieza a cerrarse más el cielo y a chispear algo más fuerte.

Paso por las instalaciones del vertedero de escombros. Me ladran tres enormes perros que, por ahora, están confinados junto a una caseta. Son las 20:10 h. Seguramente en media hora los soltarán por el recinto que, aunque vallado en su perímetro, no me fio de que tenga algún hueco, se salga alguno y me dé un susto. No sé que tienen que vigilar allí ¿zaborros y escombros?. Decido que volveré bajando el barranco de Valdeconsejo que es más tranquilo.

Dejado atrás el vertedero y ya tomado el camino de Goya, comienzo con los subeybaja y toboganes. Este tramo es divertido, pero ya llovizna, empiezo a notar dolor en el vientre y, para más inri, veo a lo lejos relámpagos que caen sobre lomas altas. Pero sigo.

Llevo un par de kilómetros por el camino y el dolor en el vientre se me hace insoportable, además los relámpagos están cada vez más cerca. Vëo el resplandor y cuento: uno, dos, tres... veintitrés ¡Borrombooooooom!. Vaya, están cayendo a 6 kms de distancia. Como no sé de dónde viene la tormenta me empiezo a preocupar. Además la llovizna arrecia.

Ya tengo a la vista la subida a la Balsa, pero me asusta el hecho de tomar una posición más elevada, por el riesgo de una descarga. No hay nada alrededor más alto. Recuerdo la historia de un tío norteamericano que, en su vida le cayeron tres truenos. Me preocupa que a mi sólo me pueda caer uno...

Además en todo el trayecto (desde el tiro de bola) no me he cruzado con alma alguna. ¿Pero a qué gilipollas se le iba a ocurrir coger la bici un día como hoy?.

Paso por el desvío que baja a Valdeconsejo y no me lo pienso dos veces, para abajo que me voy. Tengo que bajar altura para estar más seguro. Lo de encontrar el dichoso caminito habrá que dejarlo para otro día. Me quito la riñonera y me la coloco en bandolera como los polis americanos llevan la pistola. Mucho mejooor, andevasaparaaaar!.

Me tiro para abajo como alma que lleva el diablo, pero con cuidado porque el pie ya está empezando a notar las irregularidades del terreno. Ahora si que empieza a llover de lo lindo, como voy totalmente calado ni lo noto. No tengo frio y el camino descendente me ayuda. Los relampagos semejan enormes flashes que encienden la tarde, por lo demás oscura y triste. Vuelvo a contar: uno, dos, tres... dieciséis. Vaya, están cayendo a 3,5 kms. Me voy acercando a la tormenta. Debe estar al otro lado de la Cra de Valencia, en la zona de la ciudad deportiva o por ahí. No me preocupa, bajo por el fondo del barranco y alrededor mio todo está más alto. Necesitaría una buena toma de tierra para que me cayera algo (aparte de una ionización muy alta del aire y que la nube estuviera cargada muy positivamente). Todas estas disquisiciones técnicas me tranquilizan.

Sigo bajando y empiezo a sentir las piernas totalmente anquilosadas. La humedad y el fresco del ambiente me estan afectando más de lo que me imaginaba. Ahora ya llueve copiosamente y el camino empieza a tornarse un barrizal. Las piernas empiezan a doler, menos mal que tras un giro, a lo lejos ya se empiezan a ver las primeras naves del polígono industrial. Y con ellas llega el asfalto y acaba el riesgo del barro. Para colmo comienzo a notar el recurrente dolor del tobillo.

Pero no puedo parar. ¿Dónde me meto?.

Los primeros charcos han hecho su aparición, me meto en dos de lleno. Las suelas de las zapatillas ya empiezan a adquirir un extra de barro (recuerdo las "Retuerta´s Drag Queens" :-). Me quedan 150 metros para la subida al polígono. Suena el móvil. Será mi mujer. Tengo que cogerlo porque si no se va a llevar un susto. Me paro en la peor zona, me hundo en el barro, contesto: "Dime... si.. bien, jodo como me estoy poniendo, pero me lo estoy pasando cojonudo (miento), ya estoy por Cuarte (vuelvo a mentir) ya volviendo, si... vale, adios, enseguida estoy allí". Cuelgo y vuelvo a quedarme en la soledad del corredor "destalentao" de fondo.

El minuto y medio de conversación ha dado para mucho, ha arreciado más, los cien metros hasta la subida al polígono han quedado impracticables, me meto por un sembrado y, aunque la tierra está hueca, no está tan embarrada como el camino (pues este último tiene una capa de limos que lo deja con la lluvia sin posibilidad de utilizarlo). Al final salgo a asfalto.

La vuelta desde Valdeconsejo ya no tiene mayor problema. Es una zona ya por la que discurre gente (aunque sea en coche), asfaltada. Me siguen doliendo las piernas y la molestia del vientre pero ya sé que, chino-chano, con cierta tranquilidad llego a casa. A lo mejor paro en el restaurante de la Fuente de La Junquera y espero algo a que escampe.

Pero llego y decido seguir. No puedo parar, calado como voy hasta el tuétano. Me quedaría frío totalmente. ¿Podría volver a retomar la carrera con todos los dolores de las articulaciones y musculares que llevo?. Sigo y  llego al canal, un kilómetro y ya estoy en casa.

Llego, estiro bien y subo a casa. Mi hijo me tiene que traer las zapatillas de estar por casa porque no puedo entrar con las que llevo. Ahora la ducha caliente y a descansar.

Realmente, si uno se pregunta con cierta distancia, ¿Y esto para qué?. ¿Hubieras salido si te hubieras imaginado lo que te iba a caer encima?. Las respuestas no serían tan lógicas como cabría esperar. Por lo menos en lo que a mi respecta.  ¿Por qué? pues porque lo necesitaba. Llevaba desde el miércoles sin salir y algo me carcomía por dentro. Y sí, hubiera salido igual, quizás hubiera ido por otro sitio pero...  ¿No pertenecemos a esa subespecie humana de los "locos que corren"?, pues eso.

¡Hala, co!. ¡Tiraaaaaa!.

martes, 12 de junio de 2012

CRONICA DE UNA CARRERA ANUNCIADA

 O (NADA, PARA LO QUE PODIA HABER PASADO)

José Mari H. llegando a Meta

    La verdad es que me hacia ilusion ir a la Transmontesblancos, mas que nada por probar aunque fuera en la mas pequeña de todas, la de 12 k, eso de las carreras de trail, de montaña,o en esta ocasión , mas bien  de monte. Pero bueno, no todos los días se puede asistir al nacimiento de una prueba como esta, y estoy seguro que esta ha sido la primera y no va a ser la última.  A lo largo de la semana se fueron confirmando los pronósticos de altas temperaturas, el jueves a las 21 h. teníamos casi 30º, así que el soleado amanecer del sábado no hacía sino confirmar que iba a ser un dia ciertamente sofocante

    Sobre las tres y media cogía el coche ( 45º ) y casi sin  poder tocar el volante me dirigía a recoger a José Luis, el otro estalentao con quien  en esta ocasión iba a compartir aventura.


    Llegamos pronto a La Puebla, sobre las 16,45h. y tras aparcar en las inmediaciones nos dirigimos a las piscinas y campo de futbol, donde estaba situada la salida y la meta. Calor asfixiante, sin paliativos. El aire quemaba, por dentro y por fuera. Llegamos justo a tiempo de ver como se iban preparando los atletas que participaban en la TMT 23. También vimos a Almasy, omnipresente  yendo y viniendo, saludando gente, revisando, organizando… la verdad es que creo que se lo ha currado un montón. Curioseamos un poco viendo al personal y sobre la 17 h., hora taurina, comenzó a sonar la música de Metálica, emocionante ciertamente, y cuando cesó la música… A correr¡¡¡¡

    Tras la salida del numeroso grupo, ya nos dirigimos al coche para cambiarnos y ponernos también el traje de faena, que aunque mas liviana que la suya, también nos iba a hacer sudar la gota gorda.

    Como había tiempo de sobra, curioseábamos por allí y hubo una cosa que me llamó la atención. Que prácticamente no vi a nadie estirando o calentando, como es habitual en cualquier prueba (aunque supongo que con temperaturas cercanas a los 40º, lo de calentar está de mas).

    A las 18 h casi en punto, vimos llegar al primer clasificado de la de 50 kms, bastante entero, y que solo le oía decir: ha sido muy duro, muy duro…

    Con estos y otros menesteres fue pasando el tiempo hasta que sin pensarlo nos vimos en la 18h 25 min. Nos colocamos en la línea de salida y un momento después nos dieron la salida… ¡¡¡sin música de ánimo, ni nada!!!: hala, ya podéis salir¡¡¡¡. Bueno, pues a correr.


    Salimos mas bien en pelotón por los aledaños del campo de futbol, todavía por asfalto, que duró poco porque enseguida tomamos una rotonda a la derecha y cogimos una pista paralela a la carretera. Nos desviaron bajo un puente y hala… al monte. El aire era especialmente espeso. Apenas llevábamos unos minutitos corriendo y la boca ya reclamaba un traguito, o mas de uno, de lo que fuera  pero que estuviera fresquito. Se podía correr bien porque no éramos un grupo muy numeroso y enseguida se había ido estirando. Así que fuimos cogiendo nuestro ritmillo y nos encaminamos hacia los primeros tramos que eran bastante llanos, con subibajas muy suaves hasta que sin previo aviso llegamos a una rampa de unos 150 metros  que ni las de la montaña rusa del parque . En palabras de Jose Luis…: “hubo un momento en que levanté la vista y no se veía el cielo” . Evidentemente, subimos esa rampa andando. Una vez coronada, nos dirigimos  a una serie de toboganes que eran bastante divertidos puesto que eran subiditas cortas que eran compensadas enseguida con fuertes descensos. Sin forzar demasiado íbamos cogiendo gente y dejándola atrás.


    Se veía ya a lo lejos el toro por el que teníamos que pasar y la verdad es que nos acercábamos rápidamente a él. Parecía que no habría mas inconveniente hasta que nos dimos cuenta de que el toro estaba bastante alto y nosotros, con tanto tobogán,  habíamos bajado bastante: una nueva rampa que esta vez sí pude subir corriendo. Aproximadamente en 30 min. Habíamos llegado al toro que estaba prácticamente en el km. 6. En él, hicimos un tirabuzón y seguimos camino hacia Alfajarín, donde llegamos poco después a una  ermita donde estaba el avituallamiento: una botella de agua de litro y medio, que tratamos de aprovechar lo mas que pudimos bebiendo y echándonosla por encima, para refrescarnos. De allí seguía una vertiginosa bajada por escaleras donde Jose Luis se quedo rezagado porque volvía a tener ampollas en el pie: ¡ Sigue… que ahora te alcanzo¡

    Enseguida llegamos hasta la altura de la carretera y tras un tramo un poco mas salvaje por la cantidad de maleza, cogimos una pista bastante rectilínea y prácticamente llana de vuelta hacia la Puebla. Ritmo de trote suave, que era suficiente para ir recuperando posiciones e ir adelantando gente, algunos de los cuales se veían bastante tocados. De reojo, iba vigilando las nubes que, gracias a Dios, ocultaban por completo el sol y nos daban  un respiro, incluso la manta de agua que se veía a lo lejos, nos acercaba de vez en cuando unas ligeras gotitas que se agradecían un montón. Sin agobios, los kilómetros fueron pasando suavemente y antes de darme cuenta le estaba indicando a otro corredor que solo faltaban dos kms, menos que del parque a casa, por lo que era hora de recobrar un poco la compostura y entrar con un poco de dignidad. Adelanté a los últimos corredores justo antes de entrar al campo de futbol y como me sabia la jugada porque la había visto al ver llegar al primer clasificado de la tmt50, tras un quiebro justo tras pasar el arco desde el que habíamos salido, me interné en el campo de futbol, siguiendo unos conos de colores que se suponía que te marcaban el camino hacia la alfombra roja de honor para marcar la llegada a la meta. Y de esta manera enfilé la meta  palmeando las manitas de los niños que me salían al paso entrando Jose Luis  un poco después por las molestias en el pie.  


    Tras un rato de descanso y varios refrescos, animando a  los que iban llegando después, nos despedimos de la I Tmt, justo antes de que llegara la tormenta que se llevó las hojas con los tiempos que habíamos hecho…


    En definitiva, un buen sabor de boca en una carrera que habrá que repetir en próximas ediciones.


Un saludo
Purk68





viernes, 23 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD!!!!

Estimados amigos:

    Por todos los buenos entrenamientos:             ALEGRÍA
    Por los malos:                                            ESPERANZA
    Por las carreras que van a venir:                      ILUSIÓN

    Pero, siempre, siempre:   DISFRUTEMOS DE LA AMISTAD

PAZ.

Estos son nuestros deseos para todos los que nos seguís en esta humilde página.

                                               LAS LIEBRES DE LAS NIEVES


Y un pequeño regalo de Navidad, con cariño.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

MARATON ZARAGOZA 2011. LA CRONICA KIKO66

Faltan pocos minutos para las nueve horas del día 6 de noviembre. Por segundo año me encuentro en la salida de la maratón de Zaragoza, acompañado de mis dos compañeros del grupo “liebres de la Nieves”. El día no es todo lo bueno climatológicamente hablando como quisiéramos, pero parece ser que no es tan malo como lo habían pintado, al menos no llueve.
Ya se acerca la hora de salida y los nervios empiezan a aparecer, en estos momentos también se te pasan por la cabeza cosas como:” y yo que hago aquí, fíjate con el día que hace que ganas y otras por el estilo”. Realmente en la línea de salida se piensa en muchas cosas y si no era así en este momento, es que el cerebro tenía principios de haberse congelado, hacia realmente frío, aunque muchos decidimos salir en manga corta y algunos, los más valientes, en tirantes.
Por fin se da la salida, pistoletazo, música a tope y todos empezamos a trotar, cada uno buscando el ritmo que intentaremos no abandonar hasta el final.
Estos primeros kilómetros discurren por el parque y la ribera del Canal, el grupo de las liebres nos encontramos en el kilómetro tres inmersos en el grupo de las cuatro horas, magistralmente dirigido por Jesús Arroyo y su megáfono, realmente es una gozada correr al lado de este mago del trotar y hablar al mismo tiempo.


Da gusto oir sus comentarios.Sin casi darnos cuenta ya estamos en el kilometro cinco y primer avituallamiento, los VOLUNTARIOS, si con mayúsculas, nos ofrecen el líquido elemento y siguiendo las buenas pautas de un maratoniano hay que beber medio botellín por lo menos.

Volvemos al parque pasamos otra vez por la línea de meta y se oye la musica de los Heroes con una canción dedicada al VIENTO, creo que no habia mejor banda sonora. Ah, que no lo había comentado, pues el viento nuestro llamado CIERZO nos lleva acompañando desde la línea de salida, pero al estar al resguardo de los arboles de este magnifico parque del que podemos disfrutar los corredores., no lo estamos notando. En este momento ya rodamos en solitario y nos encontramos en tierra de nadie entre la liebre de tres horas cuarenta y cinco y la de cuatro horas.
El recorrido sigue por el Canal Imperial, donde se encuentra el segundo avituallamiento, toca beber otra vez, primero en dirección a las Esclusas de Casablanca, en donde nos aclaman como héroes algunos familiares y amigos de las famosas Liebre de las Nieves, y posteriormente hacia el paseo Cuellar que enfilamos rápidos dirección Paseo Sagasta.
Aquí ya nos da el viento de cara y aunque llevamos pocos kilómetros en torno a quince, ya empieza a hacer mella. Nuevo avituallamiento y se me ocurre coger un poco de bebida energética (Gat…., no digo el nombre ya que no nos patrocina), solo beberla ya me doy cuenta que no ha sido una elección adecuada, al paso por la Avda Tenor Fleta noto como se me ha cruzado en el estómago, provocándome una sensación rara y a la vez molesta. Menos mal que esto duraría solo unos minutos.
A la altura del Camino de las Torres ya vemos al grupo de tres horas y cuarenta y cinco minutos y allí que vamos, es un grupo bastante numeroso y por el momento parece que el ritmo es asequible. Después de llegar a Miguel Servet y dar unas vueltas por sus calles aledañas y de un nuevo avituallamiento, nos adentramos en una zona que puede ser complicada, la Ronda Hispanidad dirección rio Ebro. Aquí si que sopla el cierzo de verdad y sin quererlo pasamos la Media Maratón, ya tenemos hecha la mitad del trabajo, ahora realmente queda lo de verdad.
Kilometro veintitrés, empieza el infierno, el CIERZO nos ataca totalmente en contra de nuestro avanzar, aunque el ir en un grupo tan numeroso ayuda mucho. Ahora toca pasar al otro lado por el Puente de Piedra, cierzo lateral que hace tambalearse a algunos de los corredores ya justitos de fuerzas, es la hora de tomar nuestro primer gel, tal y como los entrenamos en nuestras salidas de preparación. Aquí aparece de la nada mi hermana Carmen que nos animara hasta el final en diversos puntos estratégicos de la carrera.
Se vuelve a pasar el río por el Puente de Hierro y vuelta al Paseo Echegaray, cierzo de espaldas, o sea a favor, pero es tan fuerte que se hace molesto. Llegamos al Puente de Gimenez Abad y pasamos por tercera vez el río por uno de sus puentes, ventolera impresionante, no se que imagen se llevarían los forasteros de este recibimiento. Bajamos por los alrededores del Paseo Longares donde pasaremos el kilómetro treinta, esto casi esta hecho, este es el momento de encontrarse con el famoso muro. Nuevo avituallamiento, además de bebida ya se nos ofrece naranjas y plátanos. Chupo un gajo de naranja y José Marí me acerca un trozo de platano, doy buena cuenta de los dos.
Enfilamos enseguida el paseo de la Ribera , aquí empiezo a notar que algo falla y después de pasar por debajo del Puente de Santiago, único puente que no pasaremos, enfilamos ya la Avda Ranillas después de superar el repecho del Club Helios. Cruzamos el puente de la Almozara y mis piernas no quieren andar. Al bajar al Parque lineal de Ebro me da el total bajonazo, soy incapaz de seguir el ritmo de mis compañeros que aminoran el ritmo para no perderme. Noto que estoy casi parado, las piernas no funcionan y el cerebro creo que no esta por la labor de mandar más esfuerzo. Ya estamos en el kilómetro treinta y cinco, solo siete a meta, recojo un trozo de plátano y un vaso de bebida energética y en ese momento aparece un ángel de la guarda, bueno, es Alfonso que nos recuerda que no hemos tomado el segundo gel. Lo saco como puedo de mi bolsillo y me lo tomo con avidez mientras pasamos la pasarela del Voluntariado, aquí ya el viento es insoportable, pero como hay algunos valientes animando, me armo de valor y sigo para adelante acompañado de mis dos ángeles de la guarda.
El paso por el frente fluvial de la antigua Expo se me hace insoportable, voy realmente reventado, las lagrimas brotan de mis ojos, no se si es el cansancio, el viento que no para de azotarnos como frágiles ramillas, o el muro con el que me golpeo. Ahora si que oigo al hombre del Mazo, no para de decirme: déjalo, para que sufrir más, no seas tonto, otra vez será. Gracias a mis compañeros no le hago ni caso. Enfilamos Avda. de Ranillas a favor del viento, aparecen las amigas y amigos del Reflex y aprovecho para tomar un par de raciones, intentando no parar ya que no creo que pueda volver a trotar si lo hago. En una revuelta aparece mi hermana que nos anima, creo que se ha dado cuenta que voy con la segunda reserva encendida. Vuelta otra vez en contra del viento solo quedan cuatro kilómetros y parece que he recuperado, será el gel, nunca lo sabré, pero el hombre del Mazo se ha tenido que ir a buscar a otra victima.
Bordeamos la rotonda de las banderas y nos dirigimos al Puente del III Milenio, cierzo impresionante, es complicado incluso mantenerse en pie, pero allí seguimos y como bien decimos en esta tierra: cóóóo no rebles.
Pasamos el Puente y ya solo nos quedan dos kilómetros. Aquí esta mi familia para animarnos en los últimos tramos, enhorabuena por la valentía, no estaba el día para estar al raso. Entramos en el Pabellón Puente y el viento casi nos tira, ya que el tubo hace efecto de chimenea, pero ya nada importa, último kilómetro, es el momento de recomponer la figura y entrar lo más dignamente en la línea de meta. A falta de un centenar de metros, un grito sale de entre la multitud “VEEEENGAAAAA ESAS LIEBRES DE LAS NIEVES”, es mi hermana Carmen que nos ha apoyado a partir del kilómetro veinticinco y no ha podido tener mejor colofón. Llegada en honor (no olor) de multitudes, este año lo conseguimos los tres juntos y nueva marca a batir: 3 horas 47 minutos.
Por último solo decirles a mis compañeros: ¡GRACIAS!, sin vuestra ayuda no hubiera podido acabar mi segundo maratón.